Capítulo 1 - Él
Era tarde, estaba empezando a oscurecer, e Ethan se disponía a volver a su hogar. Estaba cansado no hace mucho que había cambiado de trabajo y estaba exigiéndose al máximo con su nuevo jefe, tenía que dar una buena impresión y el proyecto al que gracias había sido aceptado en su nuevo trabajo estaba cerca de su fecha de entrega; no hace más de dos meses que había realizado el cambio. Seguro de la oportunidad que se le había presentado, dejo atrás el pequeño mercado de valores que estaba en la ciudad donde vivía y había viajado al distrito comercial para trabajar en la inversionista más grande del país buscando así un mejor futuro para él y su familia.
El cansancio del trabajo lo agobiaba, y le apretaba el nudo de la corbata como si estuviera apunto de morir ahorcado, lo soltó un poco pero la sensación no desapareció. El camino se hacía cada vez más largo, lo que le permitía y daba tiempo para pensar; pero tenía algo en la mente que no lo dejaba concentrarse, lo inquietaba y la idea le daba vueltas una y otra vez; no lo dejaba dormir en las noches y durante el día no lo dejaba en paz; pero ese día en particular la sensación de vació no lo dejo, al medio día no lo dejo disfrutar de su comida y lo perseguía, como si lo acechara en las sombras de cada llama que se alzaba cuando encendía un cigarro; un mal habito que no había podido dejar del todo desde que estaba en la facultad, y que realizaba con más frecuencia y en mayor cantidad; y siempre era la misma pregunta que se hacia así mismo y nunca podía contestar: ¿Que estoy haciendo con mi vida?.
Mientras seguía a su casa se realizaba en múltiples ocasiones la pregunta. Muchas veces se encontró discutiendo con el mismo sobre la respuesta, pero nunca se dio una concreta, siempre la desviaba con otras preguntas. Pero ¿Porque la interrogante lo distraía tanto y lo consumía si su vida era normal y buena, o no?.
Como se le había hecho costumbre mientras Ethan se dirigía a su casa, caminaba en medio de la nube de humo que expulsaba periódicamente de manera mecánica y tan precisa, lo envolvía la pregunta y pensaba al mismo tiempo que no deseaba llegar esa noche a su casa; haciendo la llegada a la misma una tortura sobre la cual tenía más de hora y media para consumirse y atormentarse.
Hasta que llegó a su destino y se encontró introduciendo la llave en la puerta de su casa y girándola encontró en el vestíbulo de su hogar, si aún podía llamarlo así, la única razón por la cual aunque lo atormentaba y le destrozaba su existencia seguía y continuaba día tras día; un par de bracitos apuntaban desde abajo hacía él para que la alzase y le decían con entusiasmo: “¡Papito ya llegaste!”.
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