Capítulo 4 - Salir de la Rutina
Ese día Celeste tenía ganas de sentirse más bella; sabía que era hermosa constantemente se lo decían, pero hoy deseaba obtener una nueva víctima, quería conquistar al hombre que deseara ella, fuese quien fuese.
Y con esa idea en la cabeza, se levantó con rapidez y calentó el agua de la tina, se desvistió quitándose la parte superior de su pijama, haciendo que sus pezones se sobresaltaran de manera casi inmediata; se quitó la parte inferior y se metió en la tina; que ya expulsaba vapor lentamente envolviéndola en una nube tibia y que indicaba que el agua se encontraba con la temperatura perfecta; y dejó que el calor la abarcará por cada parte de su ser hasta sentir estremecerse.
Una vez que se acostumbró al calor del agua lavo cada una de las partes de su cuerpo, mientras se limpiaba las curvas bien definidas de su cuerpo, sus piernas bien torneadas, sus caderas amplias y agraciadas, sus pechos firmes que no eran grandes pero tampoco pequeños de tamaño perfecto; se imaginaba quién y cómo sería el próximo hombre que iba cazar, y si ella los cazaba. Fijaba la mirada en su objetivo desde la distancia; se acercaba y obtenía una impresión y dependiendo de la reacción de su presa trazaba su estrategia.
Salió de la tina, se secó con cuidado su cuerpo; y salió solo con la toalla alrededor de su busto y buscó la ropa que iba a utilizar ese día, encontró su ropa ropa interior negra la observó y supo que era la indicada para ese día. Busco su pantalón de vestir negro que le quedaba justo y hacía resaltar sus curvas, se puso su blusa color lila ligeramente traslúcida que junto con su brassiere negro no la dejaba pasar por alto, pero sin hacerla ver vulgar; dejó los primeros dos botones sin abrochar haciendo que asomasen ligeramente sus senos y pudieran ser objeto de atención para los hombres que no podían disimular verlos mientras le hablaban.
Se arregló su pelo largo negro y abundante, que le llegaba por debajo de la media espalda, dejándolo lacio en la parte superior y ligeramente ondulado hacia el final. Buscó sus zapatos de tacón negro y pinto la línea de sus ojos de color negro; esos ojos de color café oscuro, que al ser vistos a la luz del sol cambiaban a color miel, unos ojos profundos que cuando miraban te podían decir lo que pensaban, sentían y cuáles eran sus verdaderas intenciones, pero nunca alguna de sus víctimas los observó realmente. Se puso un poco de brillo en los labios grandes y carnosos, era lo único que ocupaba para verse perfecta. Se puso sus lentes y tomó el bolso. Se encontraba lista para empezar su día.
Salió de su cuarto y bajó las gradas para entrar en el comedor donde estaban ya todos tomando el desayuno, al oír el sonido de los tacones contra el piso volvieron la mirada hacía ella.
- Buenos días, a todos. Dijo Celeste con una sonrisa.
- Hola Celeste, te ves muy guapa. Dijo Verónica su madre, mientras se acercaba a abrazarla y le daba un beso. - ¿Vas a salir con alguien hoy?.
- Al fin, vamos a conocer un cuñadito de tu parte, dijo Alicia mientras se sentaba a la mesa.
- Ojala que este feo, porque si esta guapo y si lo traes aquí te lo quitó. Dijo Jane mientras le cerraba un ojo a su hermana y esta le respondía con una sonrisa.
- Por eso no los traigo, me los quitan ustedes. Dijo Celeste al mismo tiempo que les sacaba la lengua a sus hermanas, con un gesto de complicidad.
- ¡Seguro debe ser un viejo feo ya todo acabado y con muchos años!, ojala que por lo menos tenga plata. Dijo Fabiola con un tono sarcástico.
- Por lo menos tendrá algo con que mantenerme, no como ese noviecito tuyo que no hace nada por la vida y que ni siquiera te saca a pasear de vez en cuando. Respondió con una mirada fulminante Celeste a su hermana.
- No peleen desde tan temprano - Intervino el señor Savre - Celeste, ya se esta empezando a hacer tarde, desayuna rápido para irnos.
- Si hija, ya te alisto algo. Dijo la madre mientras se dirigía a la cocina.
- No gracias no tengo hambre.
- Si claro, esta preparando espacio para más tarde, seguro que vas a comer bastante hoy. Comentó Fabiola.
- ¡Cállate!. Replicó de una vez Celeste. - Y no gracias madre, enserio no tengo hambre y si comiera algo estoy segura que me caería mal. Dijo mientras observaba a su hermana, que tenía una expresión de satisfacción en su cara.
- ¡Bueno suficiente! - Reaccionó Walter - Si ya estas lista nos vamos Celeste.
- Si mejor vamonos. Hasta luego.
Y mientras se dirigía a la puerta principal, Celeste miró directamente a Fabiola y su mirada llevaba el mensaje: “¡Esta discusión, aún no ha terminado!”. Salió y se montó al carro con su padre. Hasta pasados ya los minutos pudo serenarse y volver a estar en un punto de equilibrio; cuando recobró su calma, Celeste se hundió nuevamente en sus pensamientos y sonrió en su interior, ya que sabía que hoy empezaría una nueva cacería, que buscaría su nueva víctima y que sin mucho esfuerzo va obtener lo que quiera de él, como siempre lo había hecho.
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Celeste.... una mujer extrovertida, siempre lo fue y lo será.....
Comente lo bueno y lo malo.... gracias...!!!!!!
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